El día de la limpia

Cacería humana para mejorar a la sociedad.

Tenebris Ficta

No podía ver casi nada a través de la cortina de sangre que cubría sus ojos. Aunque ahora todo le daba vueltas y no escuchaba con claridad debido al golpe con el que había perdido el conocimiento, entendía muy bien lo que sucedía.

Con el dorso de la mano se enjugó los ojos, sin embargo, aun así, le era muy difícil distinguir sus alrededores; el sol brillaba con mucha intensidad reflejándose en todas las superficies que le era posible. Entre el resplandor se destacaban múltiples puntos negros regados por el asfalto; eran los cuerpos de aquellos que habían muerto antes, masacrados sin piedad.

Todo había sido tan súbito y violento que cuando intentó reaccionar ya no tuvo oportunidad de hacer nada. Y no es que hubiera podido realmente hacer algo; no cuando eres presa de un grupo de personas prepotentes y trastornadas que no se detendrán hasta saciar sus más…

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Fantasmas

Por las circunstancias que sean, todos tenemos fantasmas que nos acosan y nos muestran nuestros lados oscuros.

Tenebris Ficta

 

 

—No sirve de nada que finjas no escucharme. Aquí estoy. Me ves y me oyes —por unos momentos guardó silencio—. Sabes bien que no me voy a ir… Que no nos vamos a alejar nunca de ti.

A través de la puerta de cristal del balcón, miró hacia adentro del departamento. Efectivamente, todos estaban ahí, en los respectivos espacios que habían reclamado como suyos. Volteó de nuevo a la silla que ocupaba su interlocutor.

—Desearía que no fuera así. Que me dejaran en paz. Sin embargo, entiendo que es la penitencia que tengo que pagar por mis pecados.

—¿Penitencia? —una amarga risa rompió su serio semblante, pero se esfumó en unos segundos. Después volvió a hablar con su mismo tono severo—. Deberías de reconsiderar tus palabras; somos una bendición en tu miserable vida. Tus únicos amigos. Sólo nosotros te entendemos. Nadie más.

—¿Acaso bendición es mirar sus desencajadas…

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El cerro de las tres cruces

—Deberías calmarte. Después de que lo hagas no habrá marcha atrás, serás un asesino sin importar que sea lo que se merecen. Los dos hombres se dirigían hacia la caballeriza, la mirada de Otilio fija al frente, su ceño fruncido y las manos apretadas en dos puños. Justo frente a la puerta, Gabino lo sujetó… Seguir leyendo El cerro de las tres cruces