Nocturna (republicación)

La manera en como nació este cuento me parece bastante curiosa; originalmente, hace ya varios años, comencé un relato de una vampira rusa, una vurdalak, que se extendió demasiado y que no llegaba a ningún lado, así que sin terminarlo siquiera lo dejé y se quedó en el olvido; tiempo después regresé a él y decidí reescribirlo en varias historias cortas (esta es la primera) y hacer un cambio radical en la protagonista que ya no sería una vampira sino una especie de mujer reptil que devora cerebros (esto está inspirado en los mind flyers de Dungeons & Dragons).

Sentado en una cantina en el centro de la ciudad se encontraba Rodrigo, era viernes por la tarde y el lugar pronto se llenaría de oficinistas que terminaban su jornada laboral, eso era algo que no le gustaba, prefería la calma de cuando el establecimiento estaba casi vacío, así que decidió que era momento de irse, pero antes bebería una última cerveza. Unos momentos más tarde, mientras agarraba su chamarra, algo atrajo su atención. Miró hacia la puerta y vio que entraba una hermosa mujer de piel muy blanca, pelirroja y esbelta que atraía las miradas de hombres y mujeres mientras caminaba hacia la barra.

Se sentó a un lado del joven, lo miró y le sonrió; este le devolvió tímidamente la sonrisa. Nunca en su vida se había considerado guapo y el hecho de que una mujer tan atractiva siquiera lo mirase lo sorprendía.

—¿Te gustaría acompañarme con un trago? —el acento de su voz confirmó lo que su apariencia ya hacia evidente; era extranjera.

Estupefacto, no supo qué responder, en su mente corrían un torrente de cosas que quería decirle.

—Perdón por no presentarme primero, mi nombre es Inna.

—Desde luego que te acompaño. Mi nombre es Rodrigo. Yo invito —con palabras apresuradas la saludó y ordenó algo para ambos—. Dos cervezas, por favor.

Era de madrugada cuando salieron del lugar. Si no hubiera estado tan excitado por su encuentro con la hermosa extranjera se habría dado cuenta de que ella no había bebido en toda la noche, la cerveza que había ordenado al principio seguía intacta en la barra.

—¿Qué te parece si vamos a mi casa? Allá podremos estar más cómodos.

—Claro, me encantaría —respondió ella con una sonrisa.

Mientras esperaban un taxi pensaba en la gran noche que estaba teniendo, una que no olvidaría y de la que presumiría por el resto de su vida.

A la mañana siguiente un barrendero encontró el cuerpo sin cabeza de un hombre entre bolsas de basura.

***

Unos momentos después de haber llegado al departamento, Inna se abalanzó hacía él y comenzó a besarlo. Rodrigo se dejó llevar aún sin poder creer lo afortunado que era, pero cuando cuando sus ojos se encontraron con los de ella sus piernas perdieron firmeza y la excitación se desvaneció inmediatamente. Sus iris eran como los de un reptil, apenas una delgada línea. Trató de apartarse, no lo consiguió; lo sujetaba del cabello y de la cintura con una fuerza tremenda.

Con la lengua, que era más larga  y ancha de lo normal, lamió toda su cara. Abrió la boca de manera desmesurada, tanto que parecía como si mandíbula se hubiera dislocado, y de su interior surgieron tres viscosos tentáculos que se unieron a ese cuarto que él había creído era su lengua. Los cuatro apéndices se aferraron a la cabeza de Rodrigo, la presión que ejercieron fue tanta que los ojos se salieron de sus órbitas y la sangre empezó a manar empanándolo todo. Cuando el craneo se fracturó por completo, Inna comenzó a devorar la masa encefálica; no se detuvo hasta que la cavidad quedó vacía. Guiada por el profundo placer que sentía tiró fuertemente con los tentáculos y desprendió la cabeza de su víctima.

Inna era una predadora de la noche y esta le había pagado bien por su esfuerzo.