Limbo

Un cuento raro en el que traté de plasmar el paso del limbo al infierno.

Tenebris Ficta

La niebla estaba muy espesa, no podía ver más allá del espacio inmediato a él; al frente, atrás, a los lados, todo era de un blanco lechoso. No entendía qué hacía ahí, recordaba haber estado leyendo en su sillón favorito y de pronto escuchar una melodía apenas perceptible; después sintió algo muy extraño, un desprendimiento: se elevó y mientras flotaba vio que aún se encontraba en el sillón aferrado al libro. Se observó casi sin reconocerse, nunca antes se había percibido de esa manera, como dos entidades completamente diferentes, desasociadas; una real y la otra un mero contenedor. Al elevarse se vio envuelto en un remolino, un caos de energía… Y se perdió para después encontrarse en… No lo sabía.

¿Cuánto llevaba en este «aquí»? ¿Minutos?, ¿horas?

No sabía qué hacer. La desesperación lo agobiaba, y también el temor de estar perdido en ningún lugar. Decidió caminar, quizá llegaría a…

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Peste

Un cuento con un sacerdote y un demonio… Y otras cosas horribles.

Tenebris Ficta

—Vayan en paz, la misa ha terminado.

—Gracias a Dios —respondieron los feligreses.

La gente salió de la iglesia, poco a poco el eco de los pasos perdiéndose entre sus paredes.

El sacerdote cerró la puerta y recorrió el pasillo central bañado por los colores que se desprendían de los ventanales; al llegar al presbiterio dirigió su mirada hacia la cruz, la contempló por minutos, con sus ojos carentes de expresión. Como saliendo de un trance, volteó para otro lado y fue a la sacristía a despedir a los monaguillos y demás acólitado. Dándoles las gracias por su ayuda en la ceremonia, los urgió a retirarse; el padre parecía apresurado y de mal humor, y aunque no era común en él mostrarse así, cada día lo veían más y más ansioso.

Cuando estuvo seguro de que se encontraba completamente solo, comenzó a empujar la vieja vitrina donde se guardaban los…

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Cómo ser un «influenciador» y desprestigiar el arte de la escritura en el intento

Un nuevo artículo de mi autoría en PlataformaCero.

Plataforma Cero

Por Edgardo Villarreal

El término «influyente» siempre ha sido peligroso, una etiqueta que no debería de colocarse tan a la ligera en nadie, no obstante, en estos tiempos que corren, la gente influyente se ha multiplicado exponencialmente y ahora cualquiera se hace llamar de esa manera; o influencer, para usar la expresión que parece ser la más aceptada. No debemos olvidar que los anglicismos ya son parte fundamental del habla y la escritura en español, simplemente porque así une parece interesante e inteligente (aunque no lo sea ni por asomo).

Así como estas personas son cada vez más, también lo son las áreas en las que se «especializan», intentando hacer de otres sus «adoradores»: todo aquello que esté de moda y que genere un sentimiento aspiracionista en los demás, serán temas en los que incursionarán como «opinadores» desmedidos. Pero lo que aquí nos atañe no tiene que ver con…

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El cuarto del pánico

Un poco de «ultraviolencia» con guiños a un par de películas.

Tenebris Ficta

El efecto del somnífero pasó, una luz muy blanca salía del techo. Estaba en un extraño lugar, un lugar frío y ajeno. Intentó moverse, pero no le fue posible; estaba atada con cinturones de sujeción que la mantenían firmemente inmóvil en el sillón donde reposaba. Tampoco podía girar el cuello, una estructura metálica alrededor de su cabeza se lo impedía. Con la vista fija al frente, miraba hacia una pantalla de cine que abarcaba casi la totalidad de la pared.

Había algo más, algo incómodo y alarmante: un par de pequeñas pinzas provenientes del armazón que rodeaba su cráneo, abrían por completo sus párpados.

Ridículamente, en ese momento recordó una película en donde había visto que le hacían eso mismo al protagonista.

El pánico llegó. Llegó de manera arrolladora e imparable.

Algunas preguntas comenzaron a formarse en su mente, pero antes de que pudiera expresarlas, la habitación quedó a oscuras…

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El heraldo

Uno de mis cuentos con tema apocalíptico.

Tenebris Ficta

Silencio.

Por unos instantes todo se detuvo e incluso el aire pareció volverse espeso.

Los soldados de ambos frentes sostenían sus fusiles; balas inertes a medio camino de su objetivo; cuerpos sembrados sobre el terreno; un helicóptero suspendido mientras sobrevolaba el campo de batalla lanzando su letal metralla.

En el cielo el espacio-tiempo se distorsionó abriendo un portal a otro plano de existencia, a un reino de luz y demencia.

Un ser, que sostenía una lanza de oro en su mano derecha, emergió del cerúleo caos que se revolvía dentro de los confines de la puerta circular; una criatura de marmórea piel y figura, con un par de majestuosas alas doradas que se proyectaban desde su espalda, llegaba al mundo de los mortales.

La abertura entre ambos mundos comenzó a cerrarse y el flujo de tiempo regresó a la normalidad; la ensordecedora cacofonía envolvió de nuevo el lugar. Sin importar…

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El profeta de las estrellas

Este cuento me gusta, pero la verdad pudo haber quedado mucho mejor. Creo que su principal problema son sus ideas incompletas.

Tenebris Ficta

—Stars and stripes… whores and pimps… lies and liars… money… Hell —en su agonía, el reverendo balbuceaba estas palabras una y otra vez, sin embargo, nadie entendía lo que quería decir. Claro que sabían el significado en inglés, mas ignoraban si simplemente se trataban de los desvaríos de un moribundo.

Los que conocían a Frank F. Fisher sabían muy bien que era un hombre con el poder de hacer predicciones, alguien que, a lo largo de su vida, había visto el futuro en muchas ocasiones y esas visiones siempre ocurrieron tal cual las describió. Como él mismo le decía a su congregación: «In my mind, there’s a myriad of eyes, and each eye sees a different point in the future. In all those futures, sooner or later, mankind is dragged to the eternal flames of hell».

Postrado en su habitación, el iluminado estaba acompañado por aquellos que pertenecían a…

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La ascensión

Un desvarío más hilarante que terrorífico. Al final, la última palabra la tienen ustedes.

Tenebris Ficta

A lo largo de la historia, los demonios siempre han recurrido a diferentes formas para seducir a la humanidad y conseguir adoradores, esto ha pasado incluso entre los hombres y mujeres más piadosas; promesas de riqueza, vida eterna, poder, amor… todas esas ambiciones que tienen los mortales. Pero a pesar de que salían airosos en su cometido, los seres infernales solo podían disfrutar de sus victorias por cortos periodos, ya que en algún momento eran descubiertos y desterrados nuevamente a los abismos.

La lucha entre la luz y la oscuridad se dio siempre así: el subterfugio como el arma principal de los esbirros del infierno y el castigo por parte de los paladines de Dios. Por lo menos este fue el caso hasta que un demonio, al que no nombraré por temor de llamar su atención, concibió una argucia que instauró uno de los más fuertes cultos del cristianismo —entiéndase…

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