—¿Cómo es posible que se me haya escapado de las manos? Lo tenía justo a mi alcance. Un indigente, viejo y muy sucio, estaba parado en medio de la avenida gritando hacia el cielo. Algunos conductores tocaban frenéticamente el claxon para que se quitara de su camino. De vez en cuando los volteaba a ver… Seguir leyendo Nadie lo entiende