Sed

Al caminar por el desierto

una pequeña gota encontré,

tan brillante y hermosa

que de ella prendado quedé.

La tomé entre mis dedos y al mirar en su interior

descubrí que era tan vasta

como el mismísimo océano;

profunda, poderosa.

Sin importar mi sed

a las arenas la devolví,

y antes de marcharme le susurré:

Gota, si alguna vez entre las nubes te encuentras

vuelve a descender y empápame.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s