Resaca

Cuando desperté ahí estaba ella: despeinada, con el maquillaje embarrado por toda la cara y apestando a una mezcla de alcohol, semen y fluidos vaginales. La miré con detenimiento, era mi reflejo; el reflejo de mi egolatría, de mi egoísmo, de mis carencias… de mis miedos. Aún desnudo me paré de la cama y dejándome llevar por un impulso, la arropé, luego, sin despertarla, le di un beso en la frente y le susurré unas palabras al oído. La lágrima que vino después se llevaba todo lo que ya no quería ser, a aquel hombre cobarde y que nunca había amado.

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