De terciopelo es la caricia de la muerte. Madre sonriendo dulcemente. Toma mi mano y llévame, no me sueltes porque me pierdo, sujétame fuerte, guíame, hasta el umbral cruzar No llores por mí, pues no soporto tu mueca de dolor, dame un cálido abrazo y deséame suerte en este viaje. Adiós, Madre, siempre fuiste la única a quien amé. Acaríciame una última vez que a tu hogar me voy para en soledad estar.