Observo el infinito en el interior de las dulces lágrimas que nacen en lo profundo de tu mirada de miel. Risa que se escucha en el vacío sideral. Pies descalzos que pisan lodazales y permanecen siempre limpios. Cristales de hielo que se convierten en suspiros. Tu boca es la puerta de entrada al infierno. Eterna prisión a la que regreso una y otra vez una y otra vez.
Lo amé.
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Hermoso!!!
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Muchas gracias, Ana.
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Bendito ciclo.
Me encantó.
Fuerte abrazo, Edgardo.
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Gracias.
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