Lucecillas en el bosque (republicación)

Otro texto más de fantasía, uno que por no saber en que categoría ponerlo, lo llamé “poema”. Lucecillas en el bosque es uno de los escritos que más orgulloso estoy, no sé si en verdad sea tan bueno como para sentir eso, pero en verdad me gusta. Lo que me hizo llegar a él fue inspiración pura, es verdad que en todo lo que uno escribe hay inspiración, sin embargo, hay veces que es como si algo te invadiera y te llevara de la mano hasta el punto final y eso fue exactamente lo que sentí al escribirlo.

En el bosque oscuro habitan diminutos seres de luz que danzan y que guían a los viajeros perdidos.

Los árboles mecen sus ramas, de aquí para allá, de aquí para allá, y acompañan la danza de esas pequeñas criaturas que todo a su paso aluzan.

Los grillos y las cigarras cantan cuando los ven pasar; y en la charcas las ranas croan anunciando su llegada.

Las danzas de luz te llevan hasta el otro extremo del bosque, hasta donde la espesura es casi impenetrable, allí donde el verdor es tal que no hay lugar para ningún otro color.

Ahí es su reino y es ahí que estos seres pierden su timidez y ahora danzan a tu alrededor sus danzas que hipnotizan.

Sin pudor se muestran y hacen cabriolas en el aire, te recorren de arriba a abajo y giran y giran.

Sobre tu nariz y tus dedos se posan y ahí es cuando los observas como realmente son.

Portando sus linternitas de dorada luz, con sus grandes ojos y sus antenas que espirales forman.

Con sus brazos y piernas tan largas y sus alas transparentes y multicolores.

Van desnudos estos seres, con sonrisas traviesas y miradas que seducen.

No hay más bellas criaturas en el bosque y con ellas desearás quedarte, volverte parte de ese tan intenso verde.

En su reino permanecerás y en tus pies musgo se formará.

Y  con el tiempo tu piel a corteza cambiará.

Tus brazos y dedos se alargarán hasta ramas formar.

Hasta el final tu rostro se mantendrá porque a los portadores de las linternitas les gusta conversar.

Por muchos años cientos de historias les contarás para su curiosidad saciar y a cambio ellos te cuidaran.

Pero llegará el momento en que su asombro acabará y tu semblante se desvanecerá.

Y ahí donde te cautivaron permanecerás y hora también tú tus ramas mecerás, de aquí para allá, de aquí para allá, mientras acompañas, junto a los otros árboles, sus maravillosas danzas y su dorada luz.