El impostor

Ahí estaba yo esa calurosa tarde sentado frente a la computadora intentando escribir, tratando de iniciar una nueva historia. Esa mañana en cuanto desperté una idea había asaltado mi cabeza, un simple destello, pero con él podría desarrollar un nuevo relato; lo único que tenía que hacer era concentrarme y dejar que las letras se hilaran solas, que los acontecimientos y personajes se presentaran por sí mismos. 

Tras hacer mis acostumbradas rutinas y rituales me había por fin sentado y después de varios minutos ya había escrito el primer párrafo, la página del procesador de textos ya no estaba en blanco, ya comenzaba a presentar signos de vida; sin embargo esas pocas líneas no habían llegado sin un poco de lucha. Me levanté de mi puesto de combate para orinar, siempre era bueno cualquier pretexto para distraerme: el celular, algún sitio en internet, el perro; todo era válido. Mientras me lavaba las manos me miré al espejo como tratando de encontrar otro motivo para retardar más mi regreso al constante clic de las teclas. Un par de minutos después reprendí a mi reflejo y regresé a mi asiento, cerré los ojos por unos momentos y retomé el texto. De inmediato sentí como todo comenzó a fluir, mis dedos se deslizaban sobre el teclado con la misma velocidad en que las ideas acudían a mi cabeza. Sabía que ahora no pararía, llegaría hasta el final…

Iba por la tercera cuartilla cuando escuché sus pasos aproximarse. Sus pisadas era inconfundibles, siempre imperativas, siempre terribles.

Se acercó por detrás y rodeó mi torso con sus brazos, sentí su respiración muy cerca de mi cuello. No dejé de escribir y traté de hacer uso de toda mi fuerza de voluntad para no prestarle atención, ignorarlo era lo mejor que podía hacer. Como siempre resultó un esfuerzo vano, no había manera de que me pudiera librar de él, nunca la había.

Se sentó en el escritorio y subió una pierna para no dejarme ver el monitor.

—Veo que sigues con tu necedad. ¿Por qué pierdes el tiempo en esto? Qué no ves que nunca irás más allá. No eres lo suficientemente bueno, de hecho la mayoría de las cosas que escribes son basura.

Comenzábamos de nuevo nuestro enfermizo juego. Solté un suspiro de resignación.

—Escribo porque me gusta hacerlo y no me importa que pienses que no soy bueno, seguiré haciéndolo.

—Sigue, no me importa; de todas maneras nadie te leerá, y si lo hacen solo te confirmaran lo que siempre te he repetido: eres un pésimo escritor, tus historias son pura mierda.

—¡Basta! Siempre has tratado de joderme y no pienso permitirlo más.

—No te jodo, solo digo la verdad. Vamos, deja eso, mejor revisa Instagram o por lo menos prende la tele, debe de haber algo interesante que ver.

—No. No voy a ponerme a ver la tele. Lo que quiero hacer ahora es escribir, así es que mejor vete.

—Bueno, si no quieres eso entonces vamos a jugar Play, el juego que empezamos hace unos días está muy bueno.

En ese momento recordé el maldito juego y me dieron unas ganas incontrolables de pararme para encender la consola y jugar.… nada más un rato y después continuaría… ¡No!

—¡Ya déjame en paz, cabrón!

—Que pinche aguafiestas eres, antes te gustaba divertirte.

—Antes. Ahora intento hacer algo que me gusta mucho.

—Hay cosas que te gustan más, no te hagas pendejo.

—No, no es que me gusten más, me gustan de manera diferente.

—No seas mamón.

No dije nada más, era preferible quedarme callado que seguir con este intercambio de estupideces. Él también guardó silencio, me miró y sonrió mientras movía levemente su cabeza de arriba para abajo; de pronto se paró y se colocó frente a la computadora.

—Sé perfectamente lo que te va a animar —abrió el navegador y comenzó a escribir algo en la barra de direcciones. Justo antes de que apretara enter vi la dirección de la página.

—No abras eso —lo agarré del brazo e intenté hacerlo a un lado.

—¿Ahora me vas a decir que esto ya no te gusta tampoco? Pero si es divertidísimo —en ese instante bajó su mano y me tocó en la entrepierna.

—Ya estuvo bien, hijo de la chingada —lo empujé—. Vete de aquí —lo volví a empujar—. No quiero volver a verte. No quiero que te vuelvas a meter conmigo ni con lo que hago o dejo hacer. 

—Cálmate, cálmate. Solo quería que hicieras algo que realmente disfrutaras, que dejaras de perder el tiempo con esto.

me haces perder el tiempo.

Nah… —me dio un sopapo en la frente.

No pude aguantarlo más, eso había sido el colmo. Sin poder contener mi enojo me abalancé sobre él y lo tomé del cuello, mientras lo hacía comenzó a reírse carcajadas; entre su ataque de risa pude distinguir lo que decía:

—JA, JA… eres… JA… una… JA, JA, JA… eres… una mierda de escritor… JA,JA,JA,JA…

La ira me consumió y apreté con todas mis fuerzas, sentí como su tráquea era aplastada por mi atenazador agarre; no lo solté hasta que me mis manos no tuvieron más fuerza. Quedó tendido en el suelo, entre el escritorio y la pared, de una manera bastante caricaturesca: con los ojos saltones y la lengua afuera de su boca.

Me había desecho de él, lo había matado como lo he matado muchas otras veces; pero aunque así lo haga una y otra vez, el muy hijo de puta siempre encuentra la forma de volver…

4 comentarios en “El impostor

  1. Muy bueno. Ese personaje que todos los que hacemos el intento de escribir tenemos y que en verdad dan ganas de asesinar de repente. Has pintado el cuadro perfecto. Lo malo que son muy resilientes y vuelven a las andadas.¡ Me encantó!

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