No a ella

Arráncame la piel, hazla girones,

mutílame hasta que sólo sea una molida masa.

Pincha, corta, rompe;

castiga mi cuerpo hasta que no puedas más,

lo único que te pido es que dejes mi alma intacta,

como si acabara de nacer.

A ella no la toques, ni siquiera la mires,

porque es lo más valioso en mi existencia,

es lo que me hace ser yo.

Arroja mi cuerpo al pozo más hediondo y frío,

amárralo, encarcélalo, torturalo;

haz lo que quieras con él, 

pero esa pequeña parte, 

que algunos no saben ni siquiera que existe,

por favor déjala libre.

Es insustancial, invisible y más ligera que el viento,

pero es lo que hace que la existencia tenga sustancia,

sea notoria y pese;

es lo que hace que cada ser vivo viva.

Arráncame las tripas, deja vació mi vientre,

despoja a mi negro corazón de su cálida cuna, 

llévalo más allá de la frontera de mis costillas 

y miralo latir cada vez más lento.

Pero a mi alma no la toques, por favor,

ni siquiera la mires

porque es lo más valioso de mi existencia.

Sin ella la oscuridad ya me habría devorado,

sería ahora alguien consumido por banalidades.

Una vez que acabes conmigo,

que te sacies con mi dolor y mi sangre,

deja mi alma libre,

libre como siempre debió ser,

libre de mí y del mundo. 

3 comentarios en “No a ella

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