Subterráneo

Caminaba entre la multitud, siempre destacando con sus botas Dr. Martens rojas, su falda arriba de la rodilla, su chamarra de cuero y su pelo corto peinado en puntas. Aunque la mayoría de la gente la miraba como bicho raro, como si por ir vestida así ofendiera a la sociedad, a Maya no le importaba. 

Subió al metro en dirección al centro de la ciudad y sin poner atención a nadie se sentó, los audífonos de su walkman a todo volumen. Muchos evitaban sentarse a su lado; mejor para ella, así tenía oportunidad de subir los pies al otro asiento y viajar más cómoda. Se dirigía a donde solía reunirse con sus amigos; uno de tantos lugares en donde se gestaba la explosión contracultural

El tren llegó a la estación y bajó. Se movía con la seguridad y desenvoltura de alguien que se sabe diferente. Su diferencia no radicaba sólo en lo evidente sino también en cosas más profundas. Maya y algunos de su generación, los llamados “segregados”, eran los que por sus ideales traerían un cambio al mundo. Ese cambio lo realizarían por medio de expresiones artísticas, principalmente la música y la escritura. Con eso le gritarían al mundo lo mal que estaba y a los poderosos que lo dirigían las basuras que eran. 

Muy cerca de ahí se encontró con un par de amigas y continuaron juntas. Unos policías, al verlas pasar, intentaron interceptarlas. Siempre hacían esto, era su forma de molestarlas por el simple hecho de su aspecto, pero ellas eran más listas y rápidas y siempre lograban evitarlos.

Llegaron al punto de reunión, una vieja casona que albergaba una tienda de discos, Petroleum Dreams. Ahí, entre cientos de vinilos, se daban cita una gran cantidad de jóvenes nada convencionales: cabellos de colores, labios y uñas negras, estoperoles, lentes oscuros, botas de plataforma.

Al entrar saludaron a todos. Después de fumar y tomar una cerveza, ella y su grupo de amigos, se dirigieron al fondo del lugar. En el mostrador los recibió el dueño. Tras conversar un poco con él, los dejó pasar. La casa, además de la tienda, en la parte trasera alojaba un club nocturno y en la planta alta un estudio de grabación.

Una vez en el club, los tres miembros de la banda tomaron su lugar y comenzaron las pruebas de sonido; Glas en el sintetizador, Kirox en las percusiones electrónicas y Maya en la voz. Esa noche debutarían, esa noche Trojan Virus haría temblar al mundo con su poderosa e innovadora música.

A partir de ese momento, Maya y su música le darían forma a la escena subterránea de los años 80 y sentarían las bases para muchas cosas que vendrían después. Se convertirían en pioneros y serían considerados un referente para las nuevas generaciones.

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