Cuento·Horror

Sueños mortales, primera parte

Mientras preparaba el desayuno encendió la televisión y sintonizó el canal de noticias. Rompió el cascarón del primer huevo y lo dejó caer al sartén con cuidado de que la yema no se rompiera. En esos momentos la mujer que daba el reporte del clima terminaba su segmento y el conductor del noticiero volvía con una noticia impresionante:

Gracias, Ruth. Ahora volvemos con más información: Esta mañana en la escuela primaria Héroes Nacionales fue encontrado un niño, uno de alumnos, muerto dentro de un salón de clases. Según el reporte que ha dado la policía, el conserje del lugar, al estar realizando la limpieza de las aulas, halló el cuerpo del niño encima del escritorio del profesor. La directora de la escuela ha…”

Justo en ese momento Julian estrellaba el cascarón del segundo huevo y de la sorpresa lo aplastó. Parte del líquido, lo que no quedó en su mano, escurrió al sartén estropeando su perfecto desayuno.

No podía creer lo que había escuchado, un niño muerto en una escuela. Corrió hasta la sala para ver el resto de la noticia, pero cuando llegó el conductor estaba apunto de terminar la nota:

“… lamentable que pase algo así. Que un inocente niño sea asesinado de manera tan brutal. Ojalá la policía haga su trabajo y encuentre pronto al responsable de tan atroz suceso. Pasando a otros temas menos…”

Apago la televisión y salió apresuradamente a la calle. Tenía que saber más de eso y seguramente el periódico tendría la noticia.

Cuando regresó los huevos se habían quemado. Apagó la estufa y se sirvió un taza de café. Un par de pequeños sorbos y abrió el periódico en la “nota roja”. En la primera página de la sección se encontraba una foto a todo color del niño y de la escena del crimen: la mayoría de los pupitres amontonados junto a la puerta del salón y justo en medio, sobre el escritorio del maestro, el cuerpo del niño desnudo y sin cabeza. Perturbado, estaba apunto de cerrar el periódico cuando notó algo que apenas se mostraba al borde la imagen; en el pizarrón había dibujadas, con gis, una serie de líneas que formaban algo parecido a tres triángulos. 

Estaba seguro que ese símbolo, o lo que fuera, lo habías visto antes, en algún lugar. Pero ahora eso era lo que menos le importaba porque la fotografía le había mostrado, hasta el mínimo detalle, lo que había soñado apenas la noche anterior. Era algo tan increíble como aterrador.

Esa mañana apenas recordaba lo que había soñado, sin embargo al despertar sintió desazón, miedo y asco. La imagen le había recordado toda su pesadilla e incluso había traído de vuelta el asco. Llamó a su trabajo y se reportó enfermo, estaba demasiado perturbado como para soportar a otras personas. Esa noche durmió profundamente, sin ningún sueño, bueno o malo, que recordar.

El temor del día anterior se había disipado casi por completo, ahora sólo le parecía una loca coincidencia. Así era su agitada vida, en donde casi nada valía la pena tenerlo por tanto tiempo presente. 

Una semana más tarde, en la oficina, terminaba una llamada con su novia.

—Sí, amor, no te preocupes. Ya le pedí los días a mi jefe y sin problemas podemos irnos a la cabaña… No, no se me olvida que tengo que comprar lo de la lista que me diste. Amor, me tengo que ir, ya casi es hora de comer y todavía tengo algunos cosas que hacer antes… Te quiero. Un beso.

El resto del día resultó normal; como de costumbre había salido más tarde y, agotado, se había ido directo a su casa. Viendo la televisión (que el temporizador apagó más tarde) se había quedado dormido.

A la mañana siguiente salió hacia su trabajo. Más tarde, cerca del medio día, fue al escritorio de uno de sus compañeros, Rubén.

—Vamos por un café, necesito despejarme un poco.

 Rubén, despreocupado leía el periódico, la sección de la nota roja. Julián sin poder evitarlo, mientras esperaba a que se levantara, vio la noticia principal: Anciano es encontrado en un iglesia, su cuerpo desmembrado…

Cuando acabó de leer su rostro había perdido todo el color. Justo como la semana anterior, la fotografía, que mostraba el cuerpo sin brazos ni piernas tendido sobre el altar volcado, era idéntica al sueño que había tenido menos de doce horas antes. Todo los detalles volvían a ser retratados con impresionante precisión: las bancas de la iglesia dispersas por todos lados y en el altar dibujado el mismo símbolo que había aparecido en la foto de la escuela. Sin decir palabra alguna regresó a su lugar.

—Julián, ¿estás bien? ¿No vamos a ir por el café?

El resto del día lo pasó mal, pensando en que el que le sucediera esto dos veces no podía ser coincidencia. Además se había quebrado la cabeza tratando de recordar dónde había visto ese maldito dibujo que aparecía en ambos lugares.

Un par de horas antes de su hora de salida recordó. Sin avisar a nadie se fue apresuradamente, ya mañana podría inventar una excusa, lo que realmente le importaba ahora era llegar a su casa.

Entró apresuradamente, dejando incluso la puerta abierta y se dirigió al closet. Del fondo sacó ropa y cosas que usaba poco o que nunca usaba hasta que, debajo de una bolsa de dormir, encontró su mochila de camping. Abrió cada uno de los cierres y en uno de los laterales la encontró: esa extraña piedra que había recogido el año pasado cuando había ido de excursión con sus amigos.

La pequeña piedra era muy blanca y de forma ovalada; uno de sus lados rugoso, el otro completamente liso. En el lado liso se encontraba tallado el dibujo que aparecía en las fotografías de los crímenes. Deslizo su dedo por las líneas.

El día que la había encontrado, se había alejado del campamento para explorar un poco los alrededores por su cuenta. Caminó por varios minutos siempre tratando de no desviarse mucho del sendero y fue en ese momento cuando un sonido había atraído su atención. Un animal que pasaba cerca quizá, pero vencido por la curiosidad había decidido ir a investigar. Después de avanzar varios metros entre los árboles había encontrado al pie de uno de ellos la piedra. Hubiera sido imposible no verla porque su color la hacía destacar del oscuro tapiz de hojas y tierra. Pensó que era algo muy curioso y sin darle mayor importancia la había guardado como un recuerdo del viaje. Al regresar al campamento la había puesto en su mochila y la había olvidado hasta el día de hoy.

Ahora entendía que la piedra de alguna manera tenía que ver con los sueños y los asesinatos. ¿Acaso le mostraba los atroces actos mientras sucedían? ¿Por qué no los podía recordar en cuanto despertaba? No tenía respuesta alguna y ahora su cabeza no podía más, necesitaba olvidarse de todo esto por unos momentos.

Continuará…

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