La pistola

Por horas he estado observándola, viendo como simplemente está ahí, sobre la mesa, como si nada pasara. Mis ojos no se pueden apartar de ella. Su mera presencia es atemorizante y a la vez estimulante.

Durante todo este tiempo he estado rumiando una pregunta: ¿es un acto de valentía o de cobardía? El sólo hecho de pensar en hacerlo requiere de valor y requiere de todavía más valor el llevarlo acabo; sin embargo el acto mismo es catalogado como algo cobarde.

Esa pregunta no me corresponde responderla a mí. 

Al levantarla de la mesa mi respiración se acelera y mi mano comienza a temblar de manera descontrolada. No tengo idea de cómo hacerlo. ¿Cuál será el mejor lugar?

La sien… no. El mentón… tampoco. En la boca… quizá. Directo al corazón… definitivamente no.

Debo hacerlo ya. ¿Pero dónde? La sien, creo que lo haré en la sien, así he visto que lo hacen en muchas películas, supongo que ha de ser por algo. Decidido, no más retraso.

Al recargarla en el lado derecho de mi cabeza siento el frío fierro y se me pone la piel de gallina… o será el simple miedo a lo que sucederá. Al cerrar los ojos aprieto los dientes tan fuerte que me duelen. Imagino la bala deslizándose muy rápido por el cañón, como romperá el hueso de mi cráneo, como atravesará mi cerebro y como saldrá por el otro lado salpicando sangre y trozos de sesos por todos lados. 

Pero ¿y si cuando esté apunto de jalar el gatillo el estremecimiento hace que todo salga mal? Podría acabar desfigurado, o peor aún, con algún grado de idiotez.

¡Basta! Lo voy a hacer. Respiro profundamente. Listo. 1… 2… 3…

… No me atrevo. Creo que nunca lo podré hacer. Por lo menos no con una pistola. Quizá si lo intentara de otra manera. Una manera que no implique la fuerza de voluntad para dar el último paso. Con una sobredosis de pastillas tal vez. Sólo tendría que ingerirlas y esperar a que hicieran lo suyo. 

Estos momentos de duda me llevan a preguntarme por qué quiero hacerlo. Estoy cansado de lo miserable que es mi vida, eso es el porqué. Pero soy tan patético que ni siquiera puedo concretarlo. Miedo a vivir y miedo a morir… estoy jodido. Tan simple como jalar el gatillo y todo terminaría. Definitivamente más simple que vivir como lo hago yo. 

Vuelvo a colocar la pistola sobre la mesa. Sé que no podré hacerlo. No ahora, quizás nunca. Continuaré respirando aunque a veces me duela tanto.

3 comentarios en “La pistola”

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