La bestia, primera parte

Súbitamente, Daniel abrió los ojos. Lo primero que vio fue un rojizo resplandor que lo cubría todo. De inmediato su olfato fue asaltado por el acre olor a excremento rancio y orina estancada. No había sonido alguno, salvo por el repiqueteo de una gota que caía al piso sin cesar. Un escalofrío le recorrió el cuerpo.

Estaba desnudo y se encontraba sentado en el piso con su espalda apoyada sobre un gran poste de madera. Intentó incorporarse. En ese momento se dio cuenta de que un grillete se ceñía alrededor de su cuello. El miedo se apoderó de él. Intentó liberarse tirando de una cadena que aseguraba el grillete a una placa metálica atornillada al poste. La cadena era demasiado corta para asirla siquiera. Desesperado, comenzó a tirar violentamente con el cuello hasta que sintió que se asfixiaba. Debido al gran esfuerzo y con un punzante dolor ahí donde el metal había mordido la carne, se sumergió nuevamente en la inconsciencia.

Tiempo después volvió en sí. Trató de tranquilizarse. Necesitaba pensar, analizar su situación. Lo primero que hizo fue reconocer el lugar en donde se encontraba: era un cuarto bastante grande de paredes toscas sin acabado alguno. Justo en el centro estaba dividido por una cerca de alambre. Más allá de la cerca, en el extremo opuesto a él, una escalera de cemento llevaba a una puerta metálica. Parecía un sótano. Varios focos colocados a lo largo del techo bañaban todo con una luz rojiza. Del lado donde se encontraba, había un fila de postes. Contó siete en total, incluyendo en el que estaba sujeto. 

En uno de los postes, a su derecha, había una mujer con un grillete también en el cuello. La mujer, que lucia bastante joven, llevaba puesto un vestido amarillo manchado y hecho jirones que apenas le cubría el cuerpo.  

Al sentir su mirada volteó. Su rostro, que asomaba tras una maraña de cabello, estaba grotescamente maquillado. 

—¿Estás más tranquilo? —preguntó.

—¿Quién eres? —la voz de Daniel temblaba del temor que sentía—. ¿Qué es este lugar?

Una sonrisa un tanto sarcástica se dibujo en la cara de la muchacha. 

—Quien soy, no creo que importe mucho. Donde estamos, tampoco.

—¿A qué te refieres?

—Me refiero a que pronto estaremos muertos. 

—Pero… yo no he hecho nada. ¿Quién querría hacerme algo así?

—Ese, sin duda, será nuestro destino. Hallamos o no hecho algo para merecerlo.

—¿Como puedes decirlo así, tan tranquila, como si nada? —su voz comenzaba a denotar un creciente histeria.

—De qué otra manera podría decirlo. Está claro que no puedo… podemos hacer nada para evitar lo que nos sucederá.

Daniel apretó la mandíbula. Las palabras de la joven sólo habían logrado alterarlo más. Eso y la herida causada por su arrebato anterior, que aún le causaba un intenso dolor, le dificultaban guardar la calma. 

—He estado aquí muchas horas, quizá días. En este sitio se pierde la noción del tiempo. Cuando desperté había otra persona, otro hombre. Tiempo después dos tipos entraron y se lo llevaron —mientras decía esto la muchacha lo miraba fijamente.

—¿Pudiste hablar con él? ¿Sabía algo respecto a esto?

—No. Lo único que me dijo es que antes de que llegara yo había dos hombres más. Les sucedió lo mismo que le sucedió a él y lo que nos sucederá a nosotros.

Daniel comenzó a sentir como le temblaban las manos. El miedo lo atenazó con más intensidad. Se le dificultaba respirar y un sudor frío empapó su cuerpo. 

—¿Qué es lo quiere esta gente? ¿Dinero? Yo no tengo ningún problema con eso, mi familia pagará la cantidad que le pidan.

—No creo que sea dinero lo que buscan. Los que nos trajeron aquí no son secuestradores corrientes. Esto es más siniestro de lo que parece. 

Daniel se quedó mirando fijamente hacia la cerca sin decir palabra alguna, sus preguntas enmudecidas debido al sombrío panorama que se presentaba frente a él. Ahora creía comprender el porqué la joven en ningún momento había dado muestras de ser presa del horror que él mismo sentía. Ella simplemente se había resignado a que su muerte llegaría en cualquier momento y sabía que no podría evitarlo, por lo tanto intentaba mostrarse fuerte para enfrentar su destino final con la mayor dignidad posible. Eso era algo que él no podía hacer ya que no era un hombre con mucha fuerza interna. 

Continuará…

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