Vagabundo

Hacía un par de días que había estado siguiéndola. La esperaba muy cerca de su lugar de trabajo y en cuanto la veía salir iba tras ella, nunca muy de cerca para que no lo notara, pero siempre lo suficiente para no perderla de vista.

Experiencias desagradables y peligrosas vividas en el pasado lo habían hecho prudente y desconfiado.

Esperaba que con ella todo fuera diferente. Su instinto le decía que así sería. Su instinto y el trozo de comida que le había dado la primera vez que se habían encontrado. Sabía que en algún momento tendría que hacerse notar, vencer el miedo y acercarse. El riesgo valía la pena por más comida y otra caricia. 

La vio salir y caminar por su acostumbrada ruta. Después de unos momentos comenzó a seguirla por la banqueta de enfrente, esquivando gente, por unas cuantas calles. Cruzó rápidamente para que no lo dejara atrás. Un coche sonó el claxon al verlo pasar. Corrió más rápido. 

En una esquina dejó de verla. Desconcertado dobló la calle y ahí estaba, mirándolo. Se quedó parado, inmóvil, sin saber que hacer. Ella sonrió y extendió su brazo para frotarle la cabeza con la mano. Retrocedió unos pasos y cerró los ojos. No acostumbraba dejar que se le acercaran tanto.

Ella se agachó para quedar a su mismo nivel. De su mochila sacó un tupper y le dio el contenido: un poco de carne que seguramente le había sobrado de lo que había llevado al trabajo para comer. Sin siquiera olerlo se lo comió de un bocado. Guardó nuevamente el recipiente en su bolsa, se levantó y antes de irse lo volvió a acariciar.

La siguió unos cuantos metros hasta que abordó el autobús que la llevaría a su casa. Permaneció sentado en el mismo lugar por un largo rato mirando por donde se había ido el camión. 

Fue la última vez que la vio. 

Unas horas más tarde, antes de que oscureciera, mientras deambulaba por las calles buscando un lugar para dormir, al cruzar una avenida, escuchó como una camioneta se acercaba muy rápido. Su reacción fue lenta. El conductor ni siquiera intentó detenerse. Lo atropelló y siguió su camino como si nada hubiera pasado.

El vagabundo no volvería a pasar hambre ni a tener miedo de que alguien le hiciera daño. Por fin podría estar en paz.

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